Woody anota y gana
Pero, si él sale campeón invicto al igual que Nadal sobre arcilla, algunos de nosotros salen perdiendo. Aquí hago referencia a nuestro conformismo, el de una generación, obsesionada por el dinero y el éxito, una generación desencantada, y al igual que el sistema económico en la cual está inmersa, totalmente carente de moral.
El Personaje principal, Chris Wilton, interpretado por Jonathan Rhys Meyers, es un ex jugador de tenis profesional que llega a Londres para dar clases en un exclusivo “country club” e inmediatamente se hace amigo de uno de sus acaudalados alumnos, Tom Hewett (Matthew Goode), introduciéndose en su familia. Estamos frente al prototipo del joven héroe stendhaliano que nos entrega una admirable lección de ascenso social en una sociedad abierta. En resumen, si frecuentas las personas correctas y con un mínimo de herramientas, el tipo es encantador, juega tenis y es amante de la Ópera, puedes llegar a extraerte de tu condición, en este caso además de ser de origen modesto, era irlandés, lo que para la sociedad londinense significa como ser chilote para el cuiquerío local. Lo que finalmente logra, contrayendo matrimonio con la hermana de Tom, Eleanor (Penelope Wilton), quien le consigue una pega con chofer en una de las empresas de su padre, el cual esta encantado que su hija se case.
Hasta aquí todo bien, o sea en cuanto a realización personal dentro de los estándares que contribuyen a perpetuar el sistema esquizofrénico actual. Y justamente es quizás aquí donde surge la crítica Allen-iana, porque algo anda mal en todo este asunto; un joven arribista que se casa no con mucho amor, todo parece ser calculado y pensado con frialdad. Pero esto no puede seguir así porque somos humanos y vivimos más que de cálculos sino también de pasiones, y esta pasión se traslada en uno de los temas recurrentes de un demasiado analizado Woody Allen, la pasión sexual. En efecto, poco antes de casarse Chris se deja seducir por la fogosa Nola Rice (Scarlett Johansson) quien era la polola de Tom, hasta obsesionarse completamente con ella.
Nola, una norteamericana aparentemente sin mucho talento que quiere ser actriz y por mientras se las arregla con pequeñas pegas, es el eje central de esta pelicula. Gracias a su aparición salimos del modelo y caemos en lo humano, el drama, la tragedia. De ello da cuenta la casi desapercibida aparición de Woody Allen, al más puro estilo Hitchcock, quien sale retratado en un afiche en las afueras del Museo, donde Chris se reencontrará con Nola para tenerla de patas negras. Ella, casi igual de inescrupulosa que Chris, se deja llevar por ese camino hasta enamorarse de verdad. La tragedia se plasma al quedar Nola embarazada accidentalmente mientras Eleanor, la esposa de Chris no lo consigue, haciendo un paralelo con la relación amorosa que Chris mantiene con una y con otra. En ello reside la crueldad de esta película porque desencadenara aspectos que dan cuenta de lo aterrador de las situaciones producidas por el actuar racional en una sociedad desalmada.
La aplicación de Allen en transcribir estos últimos aspectos en la estética de su obra, se traducen por un estilo que flirtea gravemente con la perfección, un ritmo sostenido y un juego justo de los actores. Es una película fría y precisa tal como el raciocinio de Chris. Otra faceta más de la locura a la cual nos puede conducir la lógica llevada a su extremo. Siendo la expresión de lo horrible la metáfora final que parece avalar el hecho que hasta la suerte, esta del lado de un ser humano amoral producto de la sociedad que ha creado.
El Personaje principal, Chris Wilton, interpretado por Jonathan Rhys Meyers, es un ex jugador de tenis profesional que llega a Londres para dar clases en un exclusivo “country club” e inmediatamente se hace amigo de uno de sus acaudalados alumnos, Tom Hewett (Matthew Goode), introduciéndose en su familia. Estamos frente al prototipo del joven héroe stendhaliano que nos entrega una admirable lección de ascenso social en una sociedad abierta. En resumen, si frecuentas las personas correctas y con un mínimo de herramientas, el tipo es encantador, juega tenis y es amante de la Ópera, puedes llegar a extraerte de tu condición, en este caso además de ser de origen modesto, era irlandés, lo que para la sociedad londinense significa como ser chilote para el cuiquerío local. Lo que finalmente logra, contrayendo matrimonio con la hermana de Tom, Eleanor (Penelope Wilton), quien le consigue una pega con chofer en una de las empresas de su padre, el cual esta encantado que su hija se case.
Hasta aquí todo bien, o sea en cuanto a realización personal dentro de los estándares que contribuyen a perpetuar el sistema esquizofrénico actual. Y justamente es quizás aquí donde surge la crítica Allen-iana, porque algo anda mal en todo este asunto; un joven arribista que se casa no con mucho amor, todo parece ser calculado y pensado con frialdad. Pero esto no puede seguir así porque somos humanos y vivimos más que de cálculos sino también de pasiones, y esta pasión se traslada en uno de los temas recurrentes de un demasiado analizado Woody Allen, la pasión sexual. En efecto, poco antes de casarse Chris se deja seducir por la fogosa Nola Rice (Scarlett Johansson) quien era la polola de Tom, hasta obsesionarse completamente con ella.
Nola, una norteamericana aparentemente sin mucho talento que quiere ser actriz y por mientras se las arregla con pequeñas pegas, es el eje central de esta pelicula. Gracias a su aparición salimos del modelo y caemos en lo humano, el drama, la tragedia. De ello da cuenta la casi desapercibida aparición de Woody Allen, al más puro estilo Hitchcock, quien sale retratado en un afiche en las afueras del Museo, donde Chris se reencontrará con Nola para tenerla de patas negras. Ella, casi igual de inescrupulosa que Chris, se deja llevar por ese camino hasta enamorarse de verdad. La tragedia se plasma al quedar Nola embarazada accidentalmente mientras Eleanor, la esposa de Chris no lo consigue, haciendo un paralelo con la relación amorosa que Chris mantiene con una y con otra. En ello reside la crueldad de esta película porque desencadenara aspectos que dan cuenta de lo aterrador de las situaciones producidas por el actuar racional en una sociedad desalmada.
La aplicación de Allen en transcribir estos últimos aspectos en la estética de su obra, se traducen por un estilo que flirtea gravemente con la perfección, un ritmo sostenido y un juego justo de los actores. Es una película fría y precisa tal como el raciocinio de Chris. Otra faceta más de la locura a la cual nos puede conducir la lógica llevada a su extremo. Siendo la expresión de lo horrible la metáfora final que parece avalar el hecho que hasta la suerte, esta del lado de un ser humano amoral producto de la sociedad que ha creado.
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